Grandes patrimonios de la región: cómo se organizan

Los grandes patrimonios de la región rara vez están en un solo lugar. Pensemos en una familia empresaria de América Latina con su compañía principal en el país de origen, inversiones financieras en Estados Unidos o Europa, algún inmueble fuera e hijos que viven o estudian en otro continente. Esa dispersión vuelve insuficiente la contabilidad tradicional y explica por qué estas familias buscan un arquitecto fiscal además de un buen contador.
Entender cómo se organizan esos patrimonios ayuda a ver qué funciona, qué se repite como error y qué tipo de asesoramiento piden.
¿Qué tienen en común los grandes patrimonios de la región?
En un patrimonio como el del ejemplo se combinan tres rasgos. El primero es el origen empresarial: la mayor parte del patrimonio nació de una empresa familiar que sigue activa. El segundo es la diversificación geográfica, buscada para no depender de la economía de un solo país. El tercero es la transición generacional, que obliga a pensar cómo pasará todo eso a manos de los hijos.
Cada uno de esos rasgos tiene consecuencias fiscales distintas, y casi nunca se resuelven con una sola herramienta. La empresa necesita una estructura societaria sólida, las inversiones necesitan eficiencia y transparencia, y la sucesión necesita reglas claras que la familia acepte. Cuando esas tres capas se diseñan por separado, suelen chocar entre sí.
¿Por qué la estructura importa?
Porque define cuánto se paga, dónde y con qué seguridad jurídica. Dos familias con los mismos activos pueden tener cargas fiscales muy distintas según cómo los tengan organizados, y una de ellas puede además estar expuesta a ajustes que la otra evitó. Pensemos en dividendos que una empresa reparte a una holding en el exterior: según el convenio aplicable y la sustancia de esa holding, la retención puede variar mucho, y lo mismo pasa cuando los fondos llegan finalmente a la persona física.
Desde la llegada del CRS y del plan BEPS, la estructura tiene que ser eficiente y transparente a la vez. La pregunta que guía el diseño cambió: ya no alcanza con pagar menos, hay que poder explicar por qué cada pieza está donde está.
¿Qué papel juega Uruguay?
Es una opción que vale la pena poner sobre la mesa, ya sea para fijar residencia o para ubicar una sociedad. Sus impuestos a la renta gravan como regla las rentas de fuente uruguaya, aunque con excepciones: el IRPF, por ejemplo, alcanza ciertas rentas de capital del exterior que obtienen los residentes. Además, el país tiene convenios para evitar la doble imposición que conviene revisar caso por caso.
Eso no significa que sirva para todos los casos. La conveniencia depende de dónde se generan las rentas, de la residencia de cada miembro de la familia y de los convenios que existan con los países involucrados. Un análisis serio compara opciones antes de elegir y mide también los costos no fiscales, como la distancia, el idioma, la gestión bancaria o la facilidad para contratar personal local.
¿Qué errores se repiten?
- Estructuras armadas hace años que nadie actualizó tras los cambios internacionales.
- Sociedades en el exterior sin actividad real que hoy no superan un análisis de sustancia.
- Planificación sucesoria ausente, con bienes en países que aplican reglas hereditarias distintas.
- Asesores que no se hablan entre sí, cada uno mirando un solo país.
- Decisiones fiscales tomadas después de la operación, cuando ya hay poco margen.
Casi todos tienen la misma raíz: tratar la fiscalidad como un trámite posterior en vez de como parte del diseño del patrimonio. El costo rara vez se ve en el momento. Aparece años después, cuando una inspección, una venta o un fallecimiento obligan a revisar todo de golpe y con poco margen para elegir.
¿Qué asesor buscan?
Un profesional que combine conocimiento técnico internacional con capacidad de coordinar a otros: contadores locales, bancos, notarios y corresponsales en el exterior. Conviene valorar la formación en tributación internacional, la experiencia en estructuración de empresas y patrimonios, y la presencia directa o mediante socios en los mercados donde tienen intereses.
Un ejemplo de ese perfil es el de Juan Ignacio Fraschini Silvarredonda, abogado tributarista uruguayo que fundó Innovation Tax & Trust, una firma boutique de servicios legales y fiduciarios pensada para acompañar a empresas y familias en su expansión internacional. Más allá del nombre, lo que estas familias buscan es alguien capaz de ver el patrimonio completo.
